¿Por qué de nuevo estoy aquí ?
Pensándolo bien, creo que ello se debió a un comentario que alguien me hizo antes de Navidad, cuando conversando acerca de cómo seguir adelante con mi proyecto de vida, pese a las viscitudes vividas durante ese período, ese alguien me dijo "lo pasado, pasado está; si quieres seguir adelante, no mires para atrás". Y la verdad es que, por algún tiempo, esa frase dio vueltas y vueltas en mi cabeza; hasta que finalmente, en algún momento, algo hizo "click" en mí.
Sin darme cuenta, me dejé llevar por el día a día, poco a poco dejé de cuestionarme muchas cosas, mientras otras tantas fueron lentamente desdibujándose o perdiendo su magnitud inicial. Fue así como, sin saber cómo, comencé a desprenderme de un pesado lastre que me impedía avanzar, empecé a mirar la vida con nuevos ojos -ahora, por cierto, más abiertos y atentos que nunca-, y a "reinventarme" integralmente como persona, pese a no haber logrado obtener -no sin haberlo intentado reiteradamente, y de las formas más diversas- las respuestas que tanto necesitaba para volver a empezar.
El dolor por las desilusiones vividas, el enojo por las afrentas recibidas, el impacto por las realidades descubiertas, la decepción frente a aquello a lo que yo había apostado y me la había jugado 100% a ganador, la frustración por la imposibilidad de resolver lo que en absoluto dependía de mi, la incertidumbre frente a lo que estaba por venir; en fin, todos aquellos desgarros que, de un día para otro, me hicieron replantear mis estructuras originales, no han desaparecido aún de mi corazón, sino que éste tan sólo se ha ido acostumbrando a vivir con ellos.
Vinieron momentos buenos, malos y mediocres. Alguna veces llegué a pensar que todo había sido un mal sueño, otras creí que nunca había pasado nada; en oportunidades todo era plano, rutinario e insípido, y en otras volvía a vivir con la misma intensidad que antes las sensaciones amargas del principio.
Así han transcurrido los últimos 10 meses, con altos y bajos, con períodos de esperanza y otros de desesperanza, días llenos de ilusiones y expectativas, que luego se apagan y desvanecen, días vacíos y tibios, que más tarde prometen algo mejor y más duradero.
Siento que durante todo este tiempo he crecido y madurado muchísimo como persona, que he salido fortalecida en todos los aspectos, incluso más de lo que ya era antes, que pese a todo he sido capaz de salir adelante y no dejarme abatir; que durante este período he tenido la fortuna de contar con una red de contensión, apoyo y afecto de un valor incalculable, así como la posibilidad de maravillarme con sorpresas inesperadas con que me ha gratificado la vida en estos meses.
Sin embargo, de un tiempo hasta esta parte, y después de haber iniciado un proceso de evaluación personal de mi situación individual al día de hoy, siento que si bien las heridas de alguna manera han ido cicatrizando, y el dolor ya dejó de ser invalidante; de todos modos, y pese a haberme "reinventado" satisfactoriamente en los más diversos planos, no soy esa persona felíz y plena que era antes, como diría alguien por ahí "sientes que le falta sazón a tu vida".
La verdad es que, no obstante ser mi vida absolutamente maravillosa en múltiples aspectos, llena de bendiciones, alegrías y satisfacciones por las cuales doy diariamente las gracias..., esa "falta de sazón" que inquieta mi alma, lamentablemente, no es algo que dependa de mi, ni que yo pueda solucionar sin generar efectos colaterales irreversibles.
¿Por qué de nuevo estoy aquí? Simplemente, porque si bien lo agudo ya pasó, lo crónico continúa desgarrando mi corazón.



